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Venus en casa 1

Alguien te saca una foto sin avisar y la pequeña sorpresa es que te ves como te sientes. Tu Venus se asomó al mundo por la casa del cuerpo y de la primera impresión, y por eso tu manera de gustar y de valorar lo bello vive en la capa de fuera: el rostro, el gesto, la textura con que entras en una habitación antes de decir nada. La gente decide que eres agradable antes de conocerte, y eso a veces te alivia y a veces te deja con la sensación de ser un objeto bonito al que nadie pregunta qué siente. Ese encanto tiene un coste y tiene un don. El coste es confundir el cuidado propio con lo que el ojo ajeno aplaude, y entonces tu propia voz se apaga bajo el maquillaje. El don es que cuando eliges tu belleza desde dentro, la presencia que ofreces es tuya de verdad y no un préstamo del público que te celebra hoy y te olvida mañana. Vístete como te gusta a ti, camina con la elegancia que te sale sola, y deja que el espejo sea una conversación contigo, no un examen. Tu encanto se sostiene solo, sin aplausos prestados.