Amas en silencio a alguien que quizá nunca lo sepa, y eso también es amor. Venus se retiró en tu carta a la casa del borde del sueño y del cuarto detrás del cuarto, y por eso tu cariño vive en lo que no tiene testigo: lo soñado, lo escondido, lo que se entrega sin esperar recibo ni respuesta. Quieres a la gente desde un lugar que casi nadie ve, y a veces tu amor más intenso es justo el que no te atreves a nombrar en voz alta. Ahí se esconde el refugio engañoso. Cuando eliges amores imposibles o lejanos para no arriesgarte de verdad, tu cariño se vuelve nostalgia, deseo sin destinatario, una corriente que mira siempre hacia dentro y nunca toca tierra. Atrévete a traer al mundo visible una parte de lo que sabes querer en secreto, deja que alguien que sí puede recibirte lo reciba. Escribe lo que sientes, ofrécele tu ternura a quien está delante y no solo al que imaginas, y permítete el riesgo de ser amada de vuelta. Tu manera callada y contemplativa de amar es preciosa. No la uses para esconderte de lo que de verdad podrías tener.