Coqueteas con una idea más que con una persona, y a la idea le sale colorete. Venus eligió en tu carta la casa del habla cotidiana, de los hermanos y de las calles del barrio, y por ahí tu encanto se enciende en la palabra: una conversación bien llevada te seduce, un mensaje con ritmo te derrite, y la mente misma se te vuelve sensual cuando alguien sabe responder a tu altura. Te enamoras de cómo habla la gente antes que de su cara, y un buen intercambio de frases te deja más satisfecha que muchas citas elegantes. Ahí vive el riesgo. Cuando la frase brillante reemplaza la presencia, el vínculo se queda en superficie y tú coleccionas chispas que nunca se vuelven fuego. Prueba a bajar de vez en cuando la conversación al cuerpo, a dejar un silencio sin rellenarlo, a comprobar si detrás del ingenio hay alguien que también se queda. Escribe lo que sientes, habla con quien te quiere tanto en palabras como en pausas, y no temas la frase torpe cuando es la verdadera. Tu inteligencia es seductora de por sí. Que también sea fiel a lo que sientes cuando se apagan los focos.