Pintas un trazo y te enamoras de tu propio gesto antes de saber si está bien. Venus te encontró en la casa del juego sin público y de la primera canción tarareada para nadie, y por eso tu placer se enciende cuando creas y cuando coqueteas por puro gusto: el baile en la cocina, el dibujo que no le enseñas a nadie, el enamoramiento que celebras sin pedirle que dure. Necesitas el chispazo del principio, ese momento en que algo o alguien recién te gusta, y lo persigues con un hambre que los demás a veces no entienden. Por ahí entra la sombra. Cuando solo lo nuevo te enciende, descartas lo que ya tienes en el instante en que deja de brillar, y te quedas sin la hondura que solo llega cuando algo se queda y madura. Aprende a jugar también con lo conocido, a encontrar el chispazo dentro de lo que ya amas. Pinta, baila, escribe versos a quien quieras, incluso a ti misma, y mide tu placer por lo viva que te sientes haciéndolo, no por quién aplaude. Tu alegría no le debe explicaciones a nadie.