Doblas la ropa con un cuidado que casi parece cariño. En tu carta Venus habita la casa de los rituales de la mañana, de la escoba y el delantal, de la reparación paciente, y ahí tu sentido de lo bello se mete en lo que se repite: la mesa puesta con gusto aunque comas sola, el cuaderno ordenado, el gesto pequeño que vuelve agradable una tarea que a otros les pesa. Conviertes el cuidado en una forma de afecto, y la gente nota que en tus manos hasta lo aburrido queda bonito. Ahí se esconde el desgaste. Cuando tu valor empieza a depender de cuánto haces por los demás, te conviertes en quien siempre sirve y nunca recibe, y el amor propio se queda mirando desde el pasillo. Haz tus rituales bellos primero para ti, no como ofrenda perpetua a quien tienes al lado. Cuida tu cuerpo con la misma ternura que pones en lo ajeno, diseña tu día con gusto, deja una tarea sin terminar cuando te pide demasiado. Tu manera amorosa de trabajar es una de tus firmas más reales. Aplícatela a ti antes de regalarla.