Te enamoras de un acento, de un libro, de una ciudad que aún no conoces, y eso te abre algo dentro como una ventana de golpe. Venus se asentó en tu casa del horizonte y de la pregunta que no cabe en una sola habitación, y por eso tu corazón crece con la escala: un mapa abierto te late en el pecho, una idea que te ensancha la cabeza te enamora más que un cumplido, y aprender algo nuevo te da el mismo cosquilleo que a otros una cita. Lo que está lejos brilla con una luz que lo cercano nunca termina de tener, y persigues esa luz en mapas, en lenguas, en gente que viene de otro mundo. Ahí vive el espejismo. Cuando solo lo distante enamora, lo que tienes al lado se vuelve gris por el simple hecho de estar cerca y ser conocido. Tráete la maravilla del viaje a tu propia calle, mira lo de siempre con ojos de extranjera. Estudia lo que amas, viaja cuando puedas, aprende un idioma para querer a alguien en sus palabras propias, pero no descartes lo cercano por familiar. Tu Venus es amplia y curiosa. Florece cuando cruza fronteras sin perderle el gusto a lo que ya está aquí.