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Luna en Sagitario

Los caballos jóvenes en campo abierto, cuando han pasado mucho tiempo en el establo, salen al galope sin destino concreto los primeros minutos, y nadie que los conozca se preocupa: solo están comprobando que el horizonte sigue ahí. Tu manera de sentir hace lo mismo cuando algo aprieta. Llevas la Luna en Sagitario, y eso significa que tu cuerpo emocional necesita aire para procesar: perspectiva, movimiento, un sentido más grande dentro del cual quepa lo que te pasa. Te ahoga la conversación que da vueltas al mismo nudo sin abrir ventana, te alivia la caminata larga, el viaje aunque sea corto, la lectura que reordena el dolor dándole un marco mayor. Lo que otros leen como huida, en ti es un sistema que sana significando, que necesita salir a mirar lejos para no asfixiarse en el detalle. No es que no te importe. Es que el encierro te apaga el ánimo más rápido que la pena. Júpiter, que rige aquí tu Luna, no te promete que escapar resuelva nada: te enseña que la fe es un músculo y que el sentido se persigue caminando, no esperando sentado. Por eso a tu lado la gente recuerda que el mundo es más ancho de lo que creía. Te llaman dispersa y no es ahí donde tropiezas. Tropiezas cuando confundes el sentido con la distancia: te subes tan alto sobre lo que duele que ya no te alcanzan los detalles, y a no quedarte cuando lo cercano empieza a pedirte cosas le pones el nombre de libertad. La hondura también es paisaje. No te pido que dejes de mirar el horizonte, sería pedirte que dejes de respirar. Te pido que, de vez en cuando, vuelvas al establo después del galope y compruebes si lo que perseguías afuera no estaba pidiéndote quedarte justo aquí.