Lo que tienes en la entrada no es del todo una puerta: es un camino que sale de tu casa hacia un horizonte más ancho, y quien se acerca te encuentra ya con la mochila al hombro. Tu primer contacto con el mundo llega lleno de aire, con una franqueza que se ríe alto, con una pregunta más grande que la conversación que la sala estaba teniendo. Naciste con el Ascendente en Sagitario, y eso te dio una primera capa que apunta a lo lejos antes de quedarse quieta. Júpiter, tu regente, no te reparte optimismo barato. Te enseña que tu modo de aparecer es expansivo: abres puertas en otros con la pura fuerza de tu entusiasmo y tu hambre de sentido, le devuelves a la gente la idea de que el mundo es más ancho de lo que creían al levantarse. Lo que los demás leen como exceso, en ti es fe en movimiento. De joven te llamaron imprudente y se quedaron cortos de puntería. Lo tuyo es confundir el horizonte con el suelo concreto bajo tus pies: prometes más de lo que tu cuerpo aguanta cuando llegue el lunes, miras tan lejos que ya no ves lo cercano pidiéndote que te quedes. Ahí tu libertad deja de abrirte mundo y empieza a alejarte de los tuyos. Tu camino sale de algún sitio. Está permitido volver a esa casa de partida sin verla pequeña, habitar el suelo de cerca con la misma reverencia con que miras el mapa de lejos; a veces la aventura más honesta es quedarte donde alguien te espera.