El Sol se apoya en tu Nodo Norte y desde ahí encara al Nodo Sur, los dos extremos del eje tirando como un sube y baja que no se quieta. El centro empuja hacia un modo nuevo de brillar mientras el punto conocido te reclama el yo de siempre. Ninguna cara se afirma sin la opuesta: tu identidad se asoma a lo inexplorado y el papel la recoge, el papel te repite y el rumbo nuevo lo cuestiona. Días en que la versión fresca de ti te lleva lejos. Días en que el personaje gastado habla por ti antes de que decidas. El polo contrario te pide soltar el rol automático sin perder el centro firme del que partiste.