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Lección kármica en numerología

Una lección kármica es un hueco. Se descubre escribiendo tu nombre completo en números y viendo qué cifras del uno al nueve no aparecen ninguna vez: cada dígito que falta señala una capacidad que esta vida te pide desarrollar precisamente porque no vino incluida. No es un castigo ni una deuda, es una asignatura pendiente, algo que otros parecen tener de serie y que tú tendrás que aprender a mano.

La palabra kármica asusta más de lo que debería. Aquí no significa condena, significa tarea. Si te falta el número que habla de orden, la vida te pondrá una y otra vez en situaciones que exigen orden hasta que lo aprendas. Si falta el que habla de expresarse, tropezarás con el silencio hasta que encuentres tu voz. La lección se repite no para hundirte, sino porque es la forma en que se aprende lo que no se trae puesto.

Lo útil de nombrar tus lecciones kármicas es dejar de tomarte los tropiezos como mala suerte. Ese terreno donde siempre resbalas no es una maldición, es el aula. La sombra sería rendirse, decidir que eso simplemente no es lo tuyo y esquivarlo de por vida. Una lección esquivada no desaparece. Vuelve, con la misma pregunta, hasta que la contestas.