Una placa en una puerta que el barrio pronuncia mal, ese aplauso breve cuando por fin alguien te presenta con el título exacto. El Sol coronó tu casa 10, la de la vocación y de la cara pública, del trabajo que el pueblo recuerda y de la forma que la carrera te talla con los años, de modo que tu identidad se juega en lo que los demás recuerdan de ti con respeto. Mírate sin disimulo: necesitas que tu nombre signifique algo afuera, no por vanidad sino porque sientes que tu vida pide dejar una forma reconocible. Ese impulso de construir algo que dure es la mejor fuerza que llevas. Lo que te puede hundir es elegir el papel equivocado: el que te encaja te cuesta horas pero te sostiene, y el que parece pagar sin costarte casi siempre resulta un disfraz que se cae solo. Construye una obra capaz de mirarte a los ojos cuando se quede sola contigo en un cuarto. La reputación es un efecto, no la diana. Apunta a la obra bien hecha y deja que el reconocimiento aterrice donde tenga que aterrizar.