Tu puerta es casi una ventana grande que se abre en cuanto alguien pasa por la calle, y desde ella sale una pregunta antes que una afirmación. La gente te encuentra primero como conversación: hay una agilidad verbal que llega antes que tu cuerpo, una curiosidad que se te nota en los ojos, un modo de tender puentes con desconocidos en menos tiempo del que otros tardan en saludar. Naciste con el Ascendente en Géminis, y eso te dio una primera capa hecha de palabras y de preguntas. Mercurio, tu regente, no te vuelve superficial. Te enseña que tu primer contacto con el mundo es la traducción: conoces a alguien preguntándole, conoces un sitio nombrándolo en voz alta, y te acercas a lo que te da miedo poniéndole conversación encima. Lo que los demás leen como dispersión, en ti es una mente que toca varias cosas a la vez para no perderse ninguna. La gente sale de un rato contigo más despierta de lo que entró. Te echan en cara la ligereza y miran el sitio equivocado. Lo tuyo no es entrar fácil a las salas: es no quedarte de verdad en ellas, salir por la ventana de enfrente antes de terminar de cruzar, cambiar de tema justo cuando el tema empezaba a pedirte presencia. Ahí tu rapidez deja de abrirte mundo y empieza a dejarte fuera de todo. Está permitido entrar rápido y, aun así, quedarte. No pierdes agudeza por sostener una sola conversación hasta el fondo; a veces la pregunta más viva es la que haces después de haberte quedado.