Tu puerta es de madera gruesa y se abre despacio, con una bisagra que la gente nota en cuanto cruza: aquí no hay prisa, aquí los movimientos van al ritmo de la respiración. Quien se acerca a ti recibe primero una sensación de peso bueno, una calma física que no se finge porque no se puede fingir. Naciste con el Ascendente en Tauro, y eso te dio una primera capa que el mundo siente antes de entenderla. Venus, tu regente, no te reparte encanto fácil. Te enseña que tu primer contacto con el mundo pasa por el cuerpo: una mano firme, un timbre de voz que se queda bajo, la textura de lo que llevas puesto, el modo en que ocupas tu silla sin disculparte. Donde otros ven lentitud hay en realidad una manera de no moverte hasta estar de verdad. Por eso la gente confía en ti antes de saber por qué, y eso es regalo y también responsabilidad. La trampa no es la calma, aunque te la echen en cara los que viven a otro tempo. Es confundir la solidez con quedarte quieto: dejar la puerta tanto tiempo en su sitio que ya no sepa abrirse para lo nuevo, y llamar a eso paz cuando en realidad es miedo a perder lo que tienes en la mano. Ahí tu firmeza deja de sostenerte y empieza a encerrarte. Está permitido moverte sin perder el suelo. Mantén la bisagra aceitada, deja entrar lo que aún no conoces; una madera que nunca se mueve termina siendo pared, y tú eres puerta.