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Luna en Piscis

El agua que se filtra en una casa antigua nunca entra por la puerta: aparece por debajo, por las juntas, por los rincones que nadie vigilaba, y cuando la notas ya impregnó la pared entera. Tu manera de sentir tiene esa capilaridad. Llevas la Luna en Piscis, y eso significa que tu sistema emocional no tiene la frontera nítida que otros dan por hecha: sientes lo del entorno antes de darte cuenta de que era del entorno, no tuyo. Lloras con películas que parecen menores, recuerdas sueños vívidos, te atraviesa la música hasta lugares que no esperabas. Lo que otros leen como blandura, en ti es una permeabilidad que recoge información finísima sobre la gente. No es que sientas de más. Es que sientes también lo que los demás todavía no se atreven a sentir. Júpiter y Neptuno, que rigen aquí tu Luna, no te disuelven: te enseñan que hay una inteligencia que no separa para entender sino que abraza, y que tu porosidad no es un fallo de diseño sino tu forma de saber. Por eso quien está roto se sienta a tu lado y respira mejor sin saber por qué. Soñar de más nunca fue tu peligro, digan lo que digan los que jamás se mojaron. Tu peligro es de agua: la empatía vuelta disolución, el ánimo ajeno llevado a casa como propio hasta no distinguir tu orilla de la del otro. Saber dónde acaba tu piel sin endurecerla es tu oficio difícil. No te pido que cierres las puertas al mar, sería pedirte que dejes de querer así de hondo. Te pido pequeños rituales para volver a tu frecuencia, una ducha, una caminata a solas, escribir lo soñado, y que al final del día separes qué de lo que sentiste te pertenecía y qué solo te atravesó.