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Sol en Piscis

Los pescadores que salen al amanecer dicen que la niebla densa no es ausencia de luz: es luz a la que todavía no se le ha enseñado a tener bordes. Tú habitas esa niebla. Naciste con el Sol en Piscis, y se nota en cómo sientes el ánimo de una sala igual que un cambio de temperatura del agua, en que lloras con películas que otros consideran menores, en que sueñas con personas a las que tu cuerpo aún no aprendió a olvidar. Lo que los demás leen como fantasía o exceso de blandura es en realidad un modo de conocer anterior al cuchillo, hecho de empatía que absorbe e imágenes que llegan completas antes de que la palabra las desarme. Júpiter y Neptuno, tus regentes, no te disuelven. Te enseñan que hay una inteligencia que no separa para entender, que abraza para entender, y que tu permeabilidad no es una falla de diseño sino tu forma de saber. Por eso quien está roto se sienta a tu lado y respira mejor sin saber por qué. La trampa no es soñar demasiado, como repiten quienes nunca se mojaron. Es confundir la compasión con la disolución: dejar que cada ola te lleve hasta que ya no distingues tu orilla de la del otro. Saber dónde acaba tu piel sin endurecerla es tu oficio más difícil. Las puertas al mar quédate con ellas abiertas: cerrarlas sería traicionar tu manera de saber. Lo único que añade el faro es esto: una luz pequeña dentro de ti, no para iluminarlo todo, sino para volver siempre a la misma costa cuando hayas estado lejos.