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Sol en Tauro

Hay alfareros que tardan tres horas en centrar un kilo de barro antes de empezar a subir la pieza, y nadie que los mira piensa que estén perdiendo el tiempo. Saben algo que el resto olvida: lo que se hace rápido sobre un centro torcido se rompe en el horno. Tú trabajas parecido. Antes de moverte, esperas a sentir el peso justo de la cosa, y la gente que no te conoce confunde esa pausa con lentitud cuando en realidad es puntería. Naciste con el Sol en Tauro, y se nota en cómo el cuerpo decide antes que la opinión: el suelo bajo los pies te informa, la comida te conversa, la tela que tocas vota antes de que tú razones. Por eso tardas en arrancar, y cuando arrancas, vas entero, sin dejarte la mitad atrás. Venus, tu regente, no te empuja a desear más. Te enseña a desear bien: a quedarte el tiempo que haga falta para que el deseo madure y deje de ser ansiedad. Lo que tú eliges suele durar, porque no eliges hasta que el cuerpo confirma lo que el ojo ya sospechaba. La trampa no es la pereza, aunque los manuales rápidos digan eso. Es confundir quedarte con ser fiel: seguir en lo que ya dejó de tener temperatura solo porque irse pesa, y tu mano se acostumbró a ese peso. Soltar sin perder la lentitud es tu oficio, y nadie lo hace por ti. Acelerar no entra en el trato: tu ritmo es tu fuerza, no tu defecto. Lo que sí te conviene es, cada tanto, poner la mano abierta sobre lo que cargas y preguntarte qué huele todavía vivo y qué llevas encima solo por costumbre.