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Sol en Acuario

Los telegrafistas de los viejos puertos enviaban mensajes en clave a través del aire vacío, y a veces lo único que cruzaba el océano eran tres letras separadas por silencio, pero quien sabía leer reconstruía la frase entera. Tú emites parecido. Naciste con el Sol en Acuario, y se nota en que tu modo de mirar no se traduce del todo a la lengua del consenso: ves las costuras de los sistemas que el resto vive como si fueran piel, y a veces no te perdonan que las nombres en voz alta. Lo que los demás leen como frialdad o rareza es en realidad la cabeza puesta en un futuro al que el cuerpo todavía no llegó, y esa incomodidad es el precio de tu antena. Saturno y Urano, tus regentes, no te empujan a encajar. Te enseñan que tu trabajo no es apagar la emisión para que entre en la sala, sino mantenerla encendida hasta encontrar a quien sí sintoniza. Por eso a tu alrededor la gente respira distinto: les muestras que había otra manera de hacer las cosas. Tu distancia, esa que tanto te reprochan, casi nunca es el problema. El problema empieza el día en que la confundes con perspectiva: observas la sala desde tan lejos que ya no consigues entrar, y a esa soledad le pones el nombre bonito de lucidez. Tu visión vale más al lado de otros cuerpos que por encima de ellos. No te pido que renuncies a tu ángulo. Te pido que cruces a la sala con él puesto, porque la pregunta adulta de tu signo es cómo amar lo humano sin diluir lo que ves.